Quiero potenciar mis defensas

Nuestro sistema inmunitario, encargado de regular las defensas de nuestro organismo y de protegernos contra las enfermedades atacando a los agentes patógenos que las causan, es un sistema sumamente complejo.

En su buen funcionamiento intervienen muchísimos factores. Las vacunas y la lactancia materna han demostrado de forma fehaciente actuar de forma positiva en el sistema inmunitario, y también se sabe que influyen en él una buena higiene, el control del estrés, dormir adecuadamente, tener un peso normal, practicar ejercicio, evitar el alcohol y el tabaco y seguir una dieta saludable.

En conjunto, puede afirmarse que un estilo de vida sano ayuda a mantener en guardia nuestras defensas, a no ser que se padezca alguna enfermedad que conlleve una pérdida de capacidad del sistema inmunitario (lo que se conoce como «inmunodepresión»), o que se estén tomando medicamentos destinados precisamente a provocar esa inmunodepresión, como son los que reciben las personas trasplantadas para prevenir el rechazo.

A medida que envejecemos, el sistema inmunitario va dejando de funcionar tan bien como cuando uno era joven. En la tercera edad puede reaccionar de forma más lenta; las personas mayores tardan más tiempo en recuperarse de una enfermedad, y disminuye su capacidad para detectar y corregir defectos en las células, lo que aumenta el riesgo de cáncer.

En cuanto a la alimentación, del mismo modo que el buen funcionamiento de las defensas depende de muchos factores relacionados con el mantenimiento de una vida sana, hay que saber que la alimentación que puede ayudar a nuestras defensas corresponde a una dieta saludable en su conjunto, y no una dieta centrada en uno o varios alimentos o nutrientes por separado. Es cierto que hay vitaminas, minerales y alimentos que participan en el sistema inmunitario, pero aumentar su ingesta en la dieta o en forma de suplementos sólo tiene sentido en aquellas personas que sufren un déficit de una vitamina o de un mineral en particular.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) es el organismo encargado de evaluar de forma rigurosa todos los alimentos y productos que llegan a nuestra mesa y de evitar que se haga publicidad engañosa, que les adjudique propiedades saludables que no se han podido demostrar. Lo cierto es que hasta la fecha la EFSA no ha aprobado ninguna declaración de salud relacionada con la inmunidad en ningún alimento, complemento dietético ni planta medicinal.

El mensaje principal es que todas las sustancias que pueden participar en el sistema inmunitario, desde las vitaminas A, B, C y E hasta el cobre, el magnesio, el zinc o los ácidos grasos omega 3, pasando por los prebióticos, entre otras muchas, pueden ser útiles cuando son tomadas conjuntamente, en las cantidades necesarias para nuestro organismo y en el marco de una dieta saludable entendida como un todo.

Por lo tanto, comer cinco raciones diarias de fruta y verdura, consumir legumbres y cereales, reducir el consumo de carnes rojas y procesadas, evitar las grasas no saludables, aumentar el consumo de pescado, tomar prebióticos (fibra) y probióticos (fermentos lácticos) y beber abundante agua es más importante que centrarse en un alimento concreto pensando que únicamente con eso nuestras defensas aumentarán. Y mucho mejor si, además de eso, uno practica ejercicio, mantiene a raya el peso y duerme las horas que su cuerpo necesita.