Estoy cansado de los purés y las sopas: ¿Alguna Idea?

En el postoperatorio de algunas intervenciones quirúrgicas puede ser habitual que la alimentación del enfermo se base al principio en una dieta líquida completa y pase después a lo que se conoce como «dieta blanda», antes de que pueda comer con normalidad al cabo de un tiempo.

Además de los pacientes que han sido operados recientemente, también es recomendable que sigan una dieta blanda las personas que se están recuperando de alguna enfermedad debilitante, los pacientes con trastornos gastrointestinales y las personas que, por otros motivos, no pueden seguir una dieta normal.

La finalidad de este tipo de dieta es facilitar la digestión y proteger los órganos internos que se han visto afectados, por lo que se fundamenta en alimentos poco pesados, de texturas suaves, con pocas grasas y moderadamente bajos en fibra, así como exentos de azúcares y sustancias picantes o irritantes. Y sobre todo, prohibido el alcohol.

Muchos de quienes hayan pasado por un quirófano posiblemente recordarán las monótonas comidas y cenas basadas casi exclusivamente en sopas, cremas y purés, pero lo cierto es que hay alternativas que pueden hacer que la alimentación en esas circunstancias sea más variada y agradable.

Entre los alimentos permitidos en una dieta blanda, además de las sopas y los clásicos purés de verduras, figuran el pan de molde sin corteza y los cereales que no sean integrales, así como algunos productos de textura suave como las magdalenas y los bizcochos.

En cuanto a las proteínas, se pueden comer huevos (la mejor forma de prepararlos es la tortilla francesa) y también carne, que debe ser suave y magra, con poca grasa, como la del pollo o el pavo. El pescado recomendado es el blanco, como la merluza o el lenguado.

También se permiten casi todas las frutas, salvo las que tienen demasiada fibra, como las ciruelas. Las manzanas asadas o los plátanos y las compotas de otras frutas son una buena idea. En cuanto a las verduras, hay que evitar comerlas crudas; de ahí que se aconsejen las cremas y los purés.

La persona convaleciente también puede beber leche y batidos, y tomar flan, helados, gelatinas o yogur (este último siempre natural y sin azúcar añadido), así como quesos suaves como el de Burgos o el requesón.

Y para beber, lo mejor es el agua, las infusiones y los zumos de frutas. Como ya se ha dicho, no hay que beber alcohol, y tampoco bebidas con gas.

En definitiva, no todo se reduce a sopas y purés, y aunque no debe prescindirse de estos platos, siempre puede haber ideas atractivas para acompañarlos. Por ejemplo, se puede optar por una receta de arroz hervido con calabacín, potenciando el sabor con caldo de pollo y añadiendo un poco de queso suave. Para que la tortilla francesa no resulte insípida, se puede añadir miga de pan remojada en leche. Otra posibilidad es hacer una quiche con trocitos de pechuga de pollo y champiñones. Y de postre, seguro que entra bien una gelatina, ideal para las personas con problemas digestivos, acompañada de algunos trozos de fruta.

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